El modernismo literario
Los temas propios de la literatura del modernismo son el amor y la sensualidad, el erotismo y el indigenismo, todos ellos muy sensoriales y teñidos de la melancolía y tristeza derivadas del rechazo a la realidad cotidiana. Se presentan deseos de evasión y huida orientados hacia mundos lejanos en tiempo y espacio, exóticos, idealizados y bellos. Podríamos decir que el rasgo identificativo de los autores modernistas es el cosmopolitismo.
El modernismo es un movimiento renovador del arte de los últimos años del siglo XIX y primeros del XX, nacido como respuesta de los intelectuales a la crisis de fin de siglo y que supuso una nueva actitud ante la vida. Se dio también en la literatura, y su máximo representante fue Rubén Darío. Fue novedoso en cuanto a la introducción de temas y léxico, y se vio influido por tendencias francesas tales como el simbolismo o el parnasianismo y escritores norteamericano y españoles.
El origen del modernismo literario está en la rebeldía de la juventud pequeño-burguesa de Hispanoamérica, pero sus fuentes se hallan en el romanticismo y en la influencia de escritores norteamericanos como Edgar Allan Poe y Walt Withman; autores españoles como Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro, precursores de la poesía contemporánea española, y, sobre todo, recibe influencias de las dos tendencias esenciales de la poesía francesa del último tercio de siglo:
- Parnasianismo: basado en el equilibrio y la búsqueda de la perfección, sobre todo estética.
- Simbolismo: basado en la indefinición y en la sugerencia vaga de los objetos y las ideas. En él, como en la época romántica, se identificaba el mundo interior del poeta con el paisaje exterior. Estuvo influido por Poe y fue cultivado por Mallarmé, Baudelaire, Verlaine y Rimbaud.
Además, en esta época se muestra un estilo renovador en cuanto al léxico, que se muestra más sonoro. Se emplean muchos cultismos, helenismos y adjetivos sensoriales. Los escritores dan importancia a los recursos fónicos, renuevan la métrica y los ritmos internos y dan importancia a la musicalidad derivada de la utilización de paralelismos y anáforas. Utilizan símbolos (camino, río) para evocar objetos o ideas y emplean sinestesias, muy sensoriales.
La renovación del lenguaje se produjo en el verso (introduciendo versos dodecasílabos y alejandrinos), la prosa y el teatro.






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